Nueva York : multitudes y rascacielos en la ciudad que nunca duerme

Perderse por Central Park, asistir a un espectáculo en Broadway o quedarse prendado de las luces y del bullicio de Times Square son elementos que, a través del cine, la televisión o de la propia fama de la ciudad, han estado alguna vez presentes en la vida de cualquier persona.

Nueva York es en sí misma la ciudad de las ciudades, la más icónica, aquella que, aún sin conocerla, está en la cabeza de todos. Urbe imprescindible para cualquier viajero, su bullicio, su ritmo y su grandiosidad no dejan a nadie indiferente, todavía menos cuando se tiene la oportunidad de callejear por la ‘Gran Manzana’.

Dice la tradición que Nueva York es especialmente significativa durante la Navidad, en la que sus calles se engalanan al extremo, aunque es actividad durante todo el año y por eso se la conoce como ‘la ciudad que nunca duerme’. No importa el tiempo que le dediques, siempre habrá cosas que hacer en Nueva York, así que te propongo un vistazo sobre los imprescindibles de esta metrópolis. Let’s go!

GRAND CENTRAL STATION

Midtown Manhattan, entre la 42 y la Avenida Park, alberga el singular edificio de la ‘Grand Central Términal’, conocida popularmente como Grand Central Station.

Además de ser la estación de tren más grande del mundo en número de andenes, Grand Central destaca por su aspecto clásico y su amplio recibidor, más propio de un palacio que de una instalación industrial ubicada entre rascacielos.

Desde su majestuosa escalinata puede observarse el continuo trasiego de pasajeros por el edificio, las ornamentadas taquillas clásicas y los grandes ventanales que aportan luminosidad al interior. Además, el elemento más llamativo de su amplio recibidor es la hermosa cúpula, decorada como una bóveda celeste y en la que pueden observarse las principales constelaciones.

Como curiosidad, frente a la entrada del Oyster Bar que alberga la estación, los visitantes pueden disfrutar de la ‘Galería de los Susurros’, un lugar en el que el estilo constructivo de su bóveda permite trasladar de una punta hasta el más leve sonido.

MUSEO DE HISTORIA NATURAL

A orillas de Central Park, el inmenso complejo de edificios del Museo de Historia Natural ofrece cinco plantas de recorrido por distintos elementos de la naturaleza y de la ciencia, que van desde la arqueología hasta la antropología, pasando por la astrología o la geología.

Además de un recorrido por los tipos naturales de distintos climas –con especial atención a los de Estados Unidos-, el visitante puede disfrutar de colecciones antropológicas de distintas partes del mundo, de instalaciones didácticas y hasta de esqueletos de dinosaurio en pleno Manhattan, todo ello en un majestuoso edificio que merece la pena visitar por dentro.

Adosado al Museo de Historia Natural, es recomendable una visita al Hayden Planetarium, donde se puede entrar en contacto con el origen del universo y los conocimientos actuales de cosmología. La instalación cuenta con elementos curiosos, piezas únicas y una pantalla infinita en la que observar el mismo Big Bang.

ST. PATRICK CATHEDRAL

Frente al Rockefeller Center, en el lado este de la Quinta Avenida, los rascacielos dan paso a las características torres de la Catedral de St. Patrick, una visita absolutamente imprescindible en la ciudad.

De estilo neogótico, esta catedral católica es un auténtico símbolo de Nueva York y de su convivencia ecléctica de edificios altos y elementos modernos, con el clasicismo de edificaciones más significativas.

Su interior, decorado con más de 3.000 vidrieras, es impresionante, majestuoso y luminoso y registra un trasiego de fieles y visitantes que le dan un carácter especial. Entre otros elementos, alberga una réplica (a mayor tamaño) de la Piedad de Miguel Ángel.

PUENTE DE BROOKLYN

De entre todos los puentes que conectan los distintos barrios de Nueva York, el más icónico es el que enlaza Lower Manhattan con el barrio de Brooklyn.

El que en su momento fue el mayor puente colgante del mundo es todo un símbolo en la ciudad gracias a su particular estética, compuesta por madera y cables de acero, y a las impresionantes vistas que proporciona del skyline de la ciudad.

Es particularmente recomendable recorrer su senda peatonal al atardecer y disfrutar del encendido de las luces de la ciudad desde el mirador del Parque de Brooklyn, un área familiar en la que gente de todas las edades disfruta de las últimas horas del día.

El Puente de Brooklyn es, desde luego, uno de los elementos más fotografiados de la ciudad de los rascacielos. Para tener una imagen panorámica de él, son buenos rincones tanto el Parque de Brooklyn, a sus pies, como el vecino Manhattan Bridge.

11-S MEMORIAL

Conocer en la actualidad la ciudad de Nueva York pasa necesariamente por entrar en contacto con los lugares en los que se produjeron los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001 y que cambiaron el curso de la historia.

Dentro de una ciudad bulliciosa como esta gran urbe norteamericana, el memorial del 11-S es un oasis de tranquilidad, recuerdo y homenaje en el lugar en el que un día se erigieron las torres gemelas.

En el hueco que dejaron estas edificaciones, hoy pueden contemplarse dos enormes piscinas rodeadas de los nombres de las víctimas que perdieron sus vidas en aquellos atentados.

Próximo, y a los pies del nuevo e impresionante One World Trade Center, el museo memorial recoge información de los atentados desde su origen, las consecuencias posteriores de estos hechos y un respetuoso homenaje a las víctimas que permite entrar en contacto directo con esta parte de la historia.

ESTATUA DE LA LIBERTAD

Si hay un símbolo internacional de la ciudad de Nueva York, es, desde luego, la Estatua de la Libertad. Regalo de Francia en 1886 para conmemorar en aniversario de la Declaración de Independencia, sus 93 metros de altura y su característica silueta, diseño de Gustave Eiffel, emergen de Liberty Island al sur de Manhattan, en la desembocadura del río Hudson, dando la bienvenida a los visitantes como en su día se la dieron a los inmigrantes que llegaban por el puerto neoyorquino a los Estados Unidos.

Una única compañía de ferrys, Statue Cruises, te permitirá visitar tanto la Estatua de la Libertad como la cercana Ellis Island, lugar en el que se inspeccionaba a los inmigrantes a su llegada. Además de su visión a ras de suelo, hay la posibilidad de adquirir –de forma anticipada– la entrada tanto para subir a su pedestal como a la corona, desde donde admirar el skyline de Manhattan.

No obstante, si no te resulta imprescindible estar a sus pies, hay una opción gratuita para ver y fotografiar este icono: hacer uso del ferry a Staten Island que, aunque no para en Liberty Island, ofrece una buena perspectiva de la Estatua.

CHINATOWN Y LITTLE ITALY

En una ciudad multicultural de la talla de Nueva York, los barrios se convierten casi en pequeñas urbes dentro de la gran metrópolis. Sin embargo, de los rincones con carácter especial que tiene la ciudad, Chinatown y Little Italy se convierten en los más genuinos.

Uno de los mayores barrios chinos de occidente, Chinatown se extiende al sureste de Manhattan y su evolución ha ido engullendo paulatinamente a las zonas lindantes, por lo que sus fronteras son difusas. Una vez en él, sin embargo, sus tiendas, restaurantes, carteles y luces te transportarán desde Estados Unidos a Asia. Lugares en los que disfrutar de la comida china, tiendas de baratijas, mercados de frutas y verduras o tiendas de medicina tradicional en pleno Manhattan le dan a este rincón una singular personalidad.

Justo en las fronteras de Chinatown puede visitarse otro barrio histórico neoyorkino marcado por la inmigración: Little Italy. De mayores dimensiones en el pasado, el lugar en el que se instalaron los italoamericanos en la ciudad abarca a día de hoy principalmente la Mulberry Street, donde pueden encontrarse restaurantes, cafeterías y edificaciones de aire italiano. El lugar está especialmente concurrido y engalanado durante la celebración de San Genaro, a mediados de septiembre.

TOP OF THE ROCK

Siempre que recorro una ciudad, me gusta sentirla, vivirla y, sobre todo, escucharla. No hay una mejor sensación que escuchar a esta ciudad desde las alturas, desde uno de sus múltiples rascacielos. Y es que, desde aquí arriba, parece que el ajetreo y el bullicio cesa por un momento, dejándonos escuchar sólo lo realmente importante, destellos de sonidos, el alma de la ciudad.

Este mirador, en lo alto del edificio Rockefeller, nos regala unas maravillosas vistas de las desembocaduras de los ríos Hudson y Este en Upper Bay. Resulta realmente mágico, llegar al atardecer para no perderse el espectáculo de colores que nos ofrece el cielo, justo detrás del imponente y siempre glorioso Empire State Building, que preside el Uptown desde hace más de 80 años.

Pero mientras todos miran para el Empire State Building, a mí me gusta perderme en la inmensidad del verde Central Park y atisbar un faro en la ciudad de Nueva York, recuerdo de un glorioso pasado, como es el edificio Chrysler, que durante once meses fue el edificio más alto del mundo, hasta que su vecino Empire State lo superó.

CENTRAL PARK

El pulmón de la Gran Manzana, como bien indica su nombre, se ubica en el centro de la isla de Manhattan. Un rectángulo perfecto que ha sobrevivido a las construcciones masivas de edificios y ha quedado como centro de ocio y entretenimiento, al aire libre, de los neoyorquinos.

Realmente agradable es recorrer sus múltiples senderos durante el fin de semana, viendo familias disfrutando del día, jugando al baseball, patinando, conversando o simplemente tirados en el césped descansando del ajetreo de la ciudad.

Te sentirás como un niño cuando te encuentres con la estatua de Alicia, admirarás al escritor Hans Christian Andersen que tantos sueños nos ha inspirado en la infancia, rezarás delante de la placa de Imagine por John Lennon y, hasta viajarás a la Europa medieval mientras recorres el castillo Belvedere.

TIMES SQUARE

Luces de neón, pantallas Led, grandes multitudes, tráfico lleno de taxis amarillos, inmensas lonas con publicidad colgando en los edificios… todo apunta a que hemos llegado al corazón de Nueva York, Times Square.

Sentarse en la escalinata de esta plaza y observar más allá de la cruz celta que la preside, es uno de los imprescindibles para sentir el alma y escuchar los latidos del corazón de esta ciudad.

Transeúntes que caminan sin detenerse, neoyorquinos acostumbrados a esta luminosidad que no se inmutan, turistas que no dejan de hacer fotos a semejante mar de luces, coches que se camuflan con la plaza, llenos de luces de neon; policías haciendo su ronda; un gigante Woody, de Toy Story, intentando alegrar el día a los más pequeños; un cambio constante de anuncios en las pantallas Led. En definitiva, un absoluto ir y venir de personas es lo que te encontrarás al visitar Times Square.

Tanto si admiras los rascacielos a pie de calle como si te encaramas a sus alturas para disfrutar de sus espectaculares vistas, o si contemplas el ‘skyline’ de Manhattan desde sus puentes, Nueva York te mostrará que es una ciudad de mil caras, un crisol de culturas y de experiencias difícil de abarcar de un solo vistazo, pero que guarda elementos para todos.

Espero que hayáis disfrutado de este recorrido por la ciudad que nunca duerme, llena de multitudes y rascacielos, pero donde también podréis encontrar vuestros lugares de calma para relajaros.

No olvidéis comentar todo lo que queráis, preguntar y recomendar este post, si os ha gustado.

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