Arbo, vino y lamprea a orillas del Miño

Al sur de la provincia de Pontevedra, en la comarca de Paradanta, el pequeño municipio de Arbo mira sin complejos al vecino Portugal, en este punto solo separado por el río Miño.

Mezclando naturaleza, tradición y, sobre todo, gastronomía, Arbo es una joya genuina de esa área conocida como la ‘raia’, en referencia precisamente a esa que separa Galicia de Portugal.

Es por eso que el río padre de todos los gallegos, el Miño, ocupa un lugar muy especial en Arbo, tanto por su papel de frontera física entre dos países como por los recursos que en esta zona se sacan de él.

Los arbenses están históricamente acostumbrados a enfrentarse a las corrientes de este río, cuyas aguas habitan extrañas criaturas, seres mitológicos y toda clase de leyendas.

Pero más que aterrador, el río en esta zona se torna mágico, convirtiéndose en un recurso de primer nivel a la hora de visitar sus hermosos paisajes.

Río, naturaleza e historia

De hecho, y como no podría ser de otra forma, comenzamos nuestra visita a Arbo a orillas del río, disfrutando de la hermosa senda fluvial Miño-Deva. Se trata de un lugar que invita a la meditación, plagado de árboles que dan sombra y embellecen cada rincón con el verde de sus hojas.

Paseando en silencio, es un sendero ideal para sentir el murmullo del aire entre las ramas de los árboles y el rugido de las aguas del río Deva, que bajan con fuerza para encontrarse con el gigante Miño.

Caminando entre la vegetación, te encuentras con lugares que te cautivan y te hacen sentir en paz.

Al final de la senda fluvial, junto a un molino y una playa fluvial, nos encontramos con el puente de San Xoan de Mourentan, que une el entorno natural con la propia historia de Arbo.

San Xoan de Mourentán

Fue en este lugar donde, en 1809, se libró una batalla entre el ejército de Napoleón y los vecinos de este municipio, que trataban de defender el pueblo. Sin embargo, la superioridad militar y en número de los franceses causó multitud de muertes entre los arbenses, un hecho histórico que recuerda una columna conmemorativa al lado del puente.

El hogar del vampiro del río

Pero si por algo es conocido Arbo, es por uno de los animales más curiosos y monstruosos de la tierra: la lamprea.

Este pez prehistórico debe a su peculiar aspecto y al hecho de que se alimente de sangre de otros peces el apelativo tan poco cariñoso de ‘vampiro de río’ y ya era capturado en su tiempo por los romanos, que tanto lo usaban para alimentarse como para torturar a sus enemigos.

Sin embargo, y sin dejarse llevar por un aspecto poco favorecedor, la lamprea es uno de los manjares más apreciados por los aficionados a la cocina. Y Arbo es su capital mundial.

La lamprea no es un pez al uso. Inicia su vida en el río, donde parasita a otros peces y, tras llegar al mar, regresa de nuevo al río a reproducirse y a morir. En el invierno, con la crecida y la poca luminosidad, aprovecha la corriente para desplazarse hacia el mar, donde permanecerá dos años y medio, hasta alcanzar la madurez sexual.

Una vez llegado este periodo, su instinto la llevará de nuevo corriente arriba, por el río, para reproducirse.

Las lampreas realizan este peregrinaje de noche, porque tienen fobia a la luz, y de forma muy costosa, porque son malas nadadoras. Además dejan de alimentarse: su único objetivo es llegar y reproducirse. Una vez se ha producido la puesta de huevos, se dejan arrastrar por la corriente para morir.

Es en su ultimo viaje de ascenso, cuando la lamprea ya está próxima a acabar su ciclo vital, cuando se pesca.

Pesqueira en el río Miño

Es por este ciclo vital de las lampreas por lo que los maestros pescadores arbenses emplean un modo peculiar de captura, las pesqueiras: construcciones formadas por muros de piedras encajadas entre sí. Entre estos muros, a su vez, se colocan los ‘butróns’, un artefacto similar a las nasas donde la lamprea entra y queda atrapada.

Para que esto ocurra, se colocan a contracorriente, de modo que, durante la noche, entren en ellas las lampreas que están remontando el río y no aquellas que descienden iniciando su ciclo.

Pescadores de lamprea en una pesqueira

Lamprea: un ingrediente, mil platos

El desconocimiento que muchos tenemos sobre la lamprea hace que la asimilemos a una o unas pocas preparaciones. Sin embargo, para quitarnos esa falsa idea nada mejor que visitar Arbo y que nos demuestren como con un solo ingrediente pueden conseguirse infinidad de resultados.

En mi primera parada, en el Restaurante Os Pirús, me enfrenté directamente a la posibilidad de degustar lamprea seca (si, seca!) rellena y acompañada de salpicón, algo totalmente alejado de los cánones. En mi opinión, este es uno de los platos más arriesgados para debutar probando la lamprea ya que su toque ahumado y su fuerte sabor puede ser impactante de primeras.

También es posible degustar lamprea al más puro estilo ‘torreznos de río’, frita y con una presentación que se asemeja mucho a la de los tradicionales torreznos de cerdo. Tanto una como otra, son indicadas para paladares con gusto por los sabores fuertes.

Tras una deliciosa lamprea con tirabeques, llegó el turno de degustar el plato por excelencia: la lamprea a la bordelesa. Aunque su nombre evoca a que se concibió en la ciudad francesa de Burdeos, los arbenses lo defienden como suyo y, de hecho, a esta preparación se la conoce también como lamprea estilo Arbo.

A modo de guiso, lo más característico de ella es que la lamprea se cocina en su propia sangre, aunque eso no debe echaros atrás. Siendo uno de los pocos platos en el cual la lamprea se come fresca, fue una verdadera sorpresa para mi paladar. En esta elaboración fue donde más sentí el sabor de pescado de la lamprea.

En mi siguiente parada, en Casa Barcia, disfruté, además de una rica empanada, de la novedad de la lamprea rebozada y frita. Para finalizar, en Casa Pazos nos descubrieron la rica lamprea a la brasa, acompañada de abundante cebolla que le da un toque espectacular y un delicioso cabrito de San Fins, ¡que no solo de pescado vive el hombre!. Puedo decir, que fue uno de los mejores cabritos que he comido.

De la tierra, el vino

Si es el río el que pone el plato en Arbo, la tierra se encarga de la copa. Y es que a una buena gastronomía le debe acompañar siempre un buen vino.

El clima, la humedad y la tierra de este municipio es propicio para la vitivinicultura, con todo el esplendor de las Rías Baixas.

Son muchas las grandes bodegas que se encuentran en este ayuntamiento, destacando por repercusión Marqués de Vizhoja y Martín Códax.

Me gustó mucho coincidir con Lázaro, presidente de una gran cooperativa «Bodegas Eidosela«, formada por un grupo de emprendedores viticultores de la zona que, con su esfuerzo, están logrando un gran éxito y convirtiéndose en una de las principales bodegas del Condado de Tea.

Burbujas del Atlántico, vino espumoso de Eidosela

Entre otras, destacaría también Adegas Terrae, que cuenta con un excelente y premiado albariño,  «Carallán», y un mencía tinto delicioso, «Barbadelo»

Catando vinos de la zona

Tan fuerte es el arraigo etnográfico de la gastronomía y de la vid, que se deja sentir en el Museo Arabo, Centro de Interpretación del vino y la lamprea, donde se puede aprender más sobre estos dos productos tan importantes de la zona. Se trata de un museo interactivo que se ubica en el antiguo colegio de Arbo, donde es posible aprender más sobre la vida de la lamprea y sobre los vinos de la zona.

Fiestas en Arbo

Entre las fiestas de Arbo, destaca como no podía ser de otra forma, la fiesta de la lamprea que se celebra el último fin de semana de abril y reúne a miles de personas que vienen a Arbo para festejar y degustar este producto. Este año se celebra la 59 edición de esta prestigiosa fiesta durante los días 26, 27 y 28 de abril.

Más adelante, en el verano, la lamprea vuelve a ser la protagonista con la fiesta de la lamprea seca que se celebra el segundo fin de semana de agosto.

A mayores, a inicios de año, Arbo también vive su celebración de su colorido carnaval, que tuve la suerte de presenciar durante mi visita.

Comparsa ganadora del carnaval de Arbo

Asimismo, en Arbo también tuve la fortuna de disfrutar de la ofrenda que anualmente realiza la «Ilustrísima Irmandade de Cabaleiros da Santa Lamprea» a orillas del Miño, lanzando una botella con un papel en el interior que contiene los deseos para el próximo año y la posterior liberación de una lamprea al río. Todo un espectáculo que merece mucho la pena.

Ya para concluir, quiero agradecer al Concello de Arbo el habernos recibido con tanto cariño y amabilidad. Fue un verdadero placer recorrer esta bella tierra llena de tradición de la mano de gente local, que nos mostraron Arbo a través de sus propios ojos y de su propio amor a su tierra. Deseando volver!.

4 Comments

  1. Hola Rubén,
    ¡Qué bien que se dé a conocer Arbo y su histórica lamprea! Muy chulo el post, nosotros vamos a menudo porque la aldea de Raúl es una pequeña parroquia de Arbo.
    La lamprea la he probado de varias maneras y no es mi plato favorito la verdad pero curioso es un rato. Aún hace poco hizo una en casa 😛
    Te recomiendo ir al Arbo Rock que se celebra en julio, un festival organizado por los vecinos que está muy bien.
    Un abrazo.

  2. Qué post tan completo. Reconozco que me ha dado mucha curiosidad la lamprea. Creo que no la he probado nunca. Y que una de sus presentaciones habituales sea como los torreznos se me hace rarísimo. Lo tendré en cuenta cuando vaya a la zona para ver si pruebo la lamprea. Gracias por el paseo!

  3. Un recorrido increíble por Arbo y sus tradiciones. No tenía ni idea de la existencia de este lugar aunque sí de la belleza de cualquier rincón gallego, es una de mis CCAA favoritas. Una amiga que estuvo cerca el año pasado me contó lo bonito que es, así que entre ello y tu post, no me quedará otra que organizar un viaje por allí.

    Un saludo viajero.

    Nunca he probado la lamprea…otra cosa a resolver.

  4. ¡Hola! Tenía ganas de conocer que era eso de la lamprea..pensando al principio que hablarías de un ser mitológico, descubro que el tema principal es una de las cosas que más me gusta, ¡la gastronomía! Muy curioso conocer este pez y la relación con el pueblo de Arbo. Ya no se me olvidará. ¡Un saludo!

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