El Salvador: tierra de volcanes y flores

Recostado en el punto medio de la verde Centroamérica y bañado por las grandes olas del Pacífico en estado puro, El Salvador supera sus tópicos para hacerse grande dentro de sus fronteras.

Es, de hecho, el país más pequeño de Centroamérica y, a pesar de ser el más densamente poblado, un oasis de naturaleza en el que destaca la exuberante vegetación y el reguero de volcanes que conforman su terreno.

En un ambiente cálido y húmedo, el verde de sus paisajes se mezcla con el colorido de sus casas, en las que predomina, no obstante, el azul y blanco de su bandera.

Volcan Izalco

Los volcanes salpican su territorio, combatiendo en algunos casos el embate de la vegetación, y se debaten entre aquellos que todavía guardan el magma en su interior, los que pueden escalarse para disfrutar de las impresionantes vistas o aquellos que guardan el tesoro de los lagos en sus conos.

Es por ello que el pequeño El Salvador se engrandece con sus rincones en los que la naturaleza es la reina y sorprende y enamora al viajero. A continuación, os propongo un recorrido por algunos de los impresionantes puntos de este país que, más allá de los estereotipos, nos demuestra con simpleza que su tierra es tierra de volcanes y de flores.

Para agrupar las visitas que considero imprescindibles, las he articulado en torno a tres rutas de un día que, con base en San Salvador, ofrecen diferentes visiones del territorio. Vamos allá!

DE SAN ANDRÉS AL PARAÍSO DE LAS FLORES

Saliendo de San Salvador por la carretera CA-1, en dirección a Santa Ana, nos encontramos a unos 30 kilómetros las ruinas de San Andrés, un impresionante complejo arqueológico maya que tiene, además, un museo muy didáctico sobre el día a día de esta civilización.

ruinas de San Andres
Ruinas de San Andrés

Con una antigüedad que data de 900 años a.C., este poblado fue ocupado en distintos periodos, afectados por la actividad volcánica del entorno. A pesar de que los edificios políticos y religiosos han sido más estudiados, todavía quedan por explorar varias áreas residenciales. De hecho, las ruinas están en buena parte tapadas por la naturaleza y algunas de ellas todavía bajo el terreno como montículos.

Las zonas en las que si se ha trabajado, por su parte, emergen como colosos entre la naturaleza, que es imponente y verde en este húmedo país.

A continuación, llegamos a la ciudad de Santa Ana, la segunda en importancia de El Salvador. De carácter típicamente colonial, sus calles adoquinadas están rodeadas de casas bajas de coloridas fachadas.

Catedral de Santa Ana y palomas en el cable

El punto más interesante de esta urbe es su plaza central, el Parque Libertad, donde los salvadoreños se reúnen a conversar y a resguardarse del calor bajo los árboles, entre vendedores ambulantes que ofrecen todo tipo de productos y palomas que vuelan de un lado a otro.

En esta plaza se encuentra el edificio municipal, de tonos amarillos, el hermoso Teatro Nacional, una de las construcciones más bellas de Santa Ana y que destaca por su color verde menta y su delicada decoración, y la impresionante Catedral, de estilo neogótico y de un blanco impoluto.

La ciudad de Santa Ana nos servirá como puerta de entrada a la Ruta de las Flores, un recorrido por varios pueblos salvadoreños unidos por su carácter tradicional, su vida en conexión con la naturaleza, la artesanía y el cultivo de flores y otros productos agrícolas.

Nuestra primera parada será el tranquilo pueblo de Juayúa, cuya actividad se desarrolla en torno al animado mercado central. Es de agradecer su relajado ritmo de vida, que transcurre bajo la sombra de los árboles y en las calles, en las que el escaso tráfico permite a los niños jugar al fútbol. No os perdáis tampoco la Iglesia del Cristo Negro, con una peculiar fachada blanca con detalles rojos.

Juayúa

A continuación, llegamos a Apaneca, la ciudad más elevada de El Salvador, donde recomiendo comer en el lodge Santa Leticia para probar típicos platos salvadoreños.

Mi visita coincidió a mediados de septiembre, celebración de la Independencia, por lo que tuve la suerte de cruzarme a multitud de gente vestida con trajes típicos, observar a los vecinos conversando relajados en las calles e incluso contemplar como un grupo de niños escuchaba entregado a una monja que les enseñaba el Catecismo ante la iglesia local. En Apaneca destacan además los bellos murales que decoran las paredes en el centro, al más puro estilo ‘street art’.

Iglesia de Apaneca

Finalmente, nuestra última parada en la Ruta de las Flores es Concepción de Ataco, el pueblo más bullicioso de los tres y el que tiene un ritmo más acelerado de vida. Lo más recomendable en este lugar es callejear por sus empedradas y angostas vías y perderse en ellas para sentir la esencia de la localidad mientras os cruzáis con sus vecinos. Aunque todos estos pueblos están unidos por las flores, Ataco es en el que nos encontramos con más puestos de venta, y, por tanto, un hermoso final para esta ruta.

CERRO VERDE Y SANTA ANA: CAMINANDO ENTRE VOLCANES

Si la naturaleza en El Salvador es desbordante, no lo son menos los milenarios volcanes que salpican todo su territorio y que, activos o no, caracterizan el paisaje.

En la segunda jornada que os propongo toca partir hacia Cerro Verde, desde donde sale la ruta a pie hacia la cima del volcán Santa Ana. Provistos de agua y alimento para la dura travesía, iniciamos el camino que nos lleva hasta la base de la montaña, donde todo es vegetación. Al comienzo, el ascenso es suave y el terreno no hace imaginar un volcán en activo; sin embargo, tras media hora, la vegetación comienza a disminuir y el suelo se llena de grava, conforme nos aproximamos al cono.

Vistas desde el volcán de Santa Ana
Izalco y Cerro Verde durante el ascenso

Las vistas durante el ascenso a este volcán de más de 2.300 metros de altitud son impresionantes y en todo momento destaca en el paisaje la silueta del imponente volcán Izalco que, con su terreno más árido, evidencia una actividad más reciente. Desde este punto pueden verse también impresionantes vistas de Sonsonate, la ciudad más grande de las proximidades, y del océano Pacífico.

Aunque la última parte del ascenso es realmente dura, todo el esfuerzo se compensa al alcanzar la cima y sus increíbles vistas, así como observar el cráter y su lago interior, de un intenso color verde menta a causa del azufre. Santa Ana es un volcán aún activo –de hecho su última erupción ocurrió en 2005–, algo que atestiguan las burbujas constantes que pueden observarse en el superficie del lago.

Cráter del volcán de Santa Ana

Tras bajar –mucho más sencillo–, tomamos una pick-up sentados en su parte trasera, al más puro estilo salvadoreño, para llegar de nuevo a Cerro Verde, un área natural formada por los restos erosionados de un volcán extinto que tuvo su última erupción nada más y nada menos que hace 25.000 años.

Durante todo el camino disfrutamos de una frondosa área natural y de unas hermosas vistas del lago de Coatepeque, también de origen volcánico, hasta divisar el gigantesco cráter, hoy invadido por la vegetación.

Lago de Coatepeque desde Cerro Verde

En este sitio, si os gustan los lugares abandonados, os recomiendo visitar las ruinas de un hotel construido para ver en primera línea las casi diarias erupciones del volcán Izalco. Sin embargo, después de que el Izalco disminuyese su actividad, el hotel no llegó a finalizarse. Desde él hay una soberbia vista de este volcán, que espera dormido el momento de volver a despertar.

NATURALEZA EN SAN SALVADOR Y UNA ESCAPADA A LA PLAYA

Arrancamos el día desayunando en Las Brumas, un increíble mirador de San Salvador, desde donde se aprecian también los volcanes a su alrededor. En este lugar accedemos al área natural protegida del Boquerón, que rodea al volcán de San Salvador.

Frondosa vegetación en el cráter del Boquerón
Cráter del Boquerón

Éste es de acceso mucho más sencillo, además de estar cerca de la capital del país, por lo que es una buena alternativa para aquellos que no se animen a ascender otro volcán. Al igual que en Cerro Verde, Boquerón está completamente lleno de vegetación y su enorme cráter, de 1,5 kilómetros de diámetro, semeja el impacto de un meteorito.

Desde este lugar en plena naturaleza, me propuse acercarme hasta el centro de San Salvador con la intención de visitar la Catedral y la tumba de monseñor Óscar Romero. Es necesario tener en cuenta que la criminalidad y el peligro en esta zona de la ciudad es algo real y que, para llevar a cabo este propósito, yo conté con el consejo de los salvadoreños que me acompañaban en el viaje. Aparqué directamente en el estacionamiento de la Catedral para realizar la visita y no abandoné este punto en ningún momento, dado que caminar por el área no es muy recomendable.

Para finalizar esta ruta por El Salvador, mi propuesta termina a orillas del mar. Desde San Salvador y de fácil acceso se llega a La Libertad, donde se encuentra la internacionalmente conocida playa de El Tunco, cuyas famosas olas reúnen a surfistas de todo el mundo.

Playa del Tunco
Playa del Tunco

Del mismo modo, otra posibilidad es aproximarse hasta Costa del Sol y comer en un restaurante ubicado directamente sobre la arena de la playa tras darse un baño en las calientes aguas de la zona.

Finalmente, no podéis dejar El Salvador sin probar las tradicionales pupusas, de arroz o maiz, con rellenos a la elección de cada uno. Para ello, recomiendo ir a alguna de las tradicionales pupuserías en el Antiguo Cuscatlán, sin grandes lujos pero con buenos productos y a precios atractivos.

En esta zona, en las inmediaciones de la capital y bajo la mirada del volcán de San Salvador, podemos probar uno de los rellenos estrella de las pupusas, el que emplea para ello una flor, el loroco, que también se utiliza en condimentos y salsas, y que evidencia que, incluso aquí, El Salvador es tierra de volcanes y flores.

2 Comments

  1. Ruben , con todo mi corazón te agradezco por inspirate tanto para escribir este articulo de mi querido pais que me vio nacer Mi Amado El Salvador , lo describes como si llevaras años viviendo en él, gracias por transportarme mentalmente a todos esos sitios mágicos que tiene mi pequeño terruño .
    Gracias ,Gracias,Gracias infinitas

    • No sabes la alegría que me han dado tus palabras. El Salvador ha sido un país que, como sus vecinos centroamericanos, me ha sorprendido por la diversidad de lo que ofrece, multitud de visitas y de actividades. Gracias a ti por leerme y por dejarte llevar, a través de mí, a rincones de tu amado país.

      Un fuerte abrazo

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