Uruguay : crepúsculo atlántico

Uruguay es un paraíso para quienes aman los instantes en los que el sol se une con el mar. Desde aquí, los atardeceres bañan el gigante Atlántico, de un azul impactante, en el que vierte sus aguas el caudal amarronado del Río de la Plata. A este pequeño país de Sudamérica hay que llegar, por lo menos, para acabar un día: buscar un rincón tranquilo en el que sentarte y admirar al sol en su viaje diario hacia el interior del horizonte.

Atardecer en la escollera Sarandí, Montevideo

La bola dorada del sol desciende lentamente, en movimiento vertical, hacia el mar. Del cénit al horizonte. Su luz –amarilla, naranja, roja–, acaricia la costa de Uruguay. Su brillo tiñe la superficie del Atlántico hasta que el océano se traga, en silencio, la bola de fuego.

Disfrutando de un atardecer en playa de Pocitos, Montevideo

A la ausencia no hay quien se acostumbre.
Otro sol no es tu sol
aunque te alumbre
(M. Benedetti)

Ocaso del día en playa de Pocitos

Si el sol no calentara,
si la luna no existiera,
entonces, no tendría
sentido vivir en esta tierra.
(M. Benedetti)

Despidiendo el sol en la escollera Sarandí, Montevideo

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura (E. Galeano)

Mágicos colores en playa de Pocitos

Ante la belleza de un sol que se despide, sobran las palabras. Frente a cielos, nubes, la voz queda en silencio. Solo resta repasar en imágenes la muda hipnósis del crepúsculo atlántico desde Uruguay.

Balcón al atlántico desde Casapueblo, Punta Ballena

Desde mis terrazas te veo llegar cada tarde como un aro de fuego rodando a través de los años, puntual, infaltable, animando mi filosofía desde el día que soñé con levantar Casapueblo y puse entre las rocas mi primer ladrillo (Carlos Páez Vilaró)

Casapueblo, Punta Ballena

Chau Sol…! Cuando en un instante te vayas del todo, morirá la tarde. La nostalgia se apoderará de mí y la oscuridad entrará en Casapueblo. La oscuridad, con su apetito insaciable penetrando por debajo de mis puertas, a través de las ventanas o por cuanta rendija encuentre para filtrarse en mi atelier, abriéndole cancha a las mariposas nocturnas (Carlos Páez Vilaró)

Crepúsculo atlántico desde Casapueblo

Chau Sol…! Gracias por provocarnos una lágrima, al pensar que iluminaste también la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres y la de todos los seres queridos que ya no están junto a nosotros, pero que te siguen disfrutando desde otra altura (Carlos Páez Vilaró)

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