Invierno mediterráneo: ruta en coche por Mallorca

La ‘isla mayor’, es, efectivamente, la más grande de las Baleares y la más extensa de España. Es además, un laberinto de rocas, cuevas, montañas y sierras entre las que reina la Tramuntana, con sus escarpadas laderas que van a morir al mar; junto a playas impresionantes y calas diminutas.

Aunque sus arenales invitan a perderse en ella durante el verano, disfrutando de sus cálidas aguas, Mallorca es también un paraíso en invierno, cuando ofrece temperaturas suaves, hermosos atardeceres y lugares mucho menos masificados por los visitantes.

Playa de Porto Cristo
Playa de Porto Cristo

Entre el azul del mar y el sabor payés de los paisajes del interior, la forma más auténtica de disfrutar de los contrastes de Mallorca pasa por recorrerla en coche, a vuestro aire, adentrándoos en rincones fuera de los circuitos más turísticos de la isla y comprobando como todavía conserva el ritmo pausado de los atardeceres rojos del Mediterráneo.

Atardecer desde el castillo de Capdepera
Atardecer en Capdepera

Para mi estancia en Mallorca me decanté por la pequeña y pintoresca localidad de Villafranca de Bonany, dada su buena ubicación, bastante central, sus hermosas vistas y su tranquilidad. En esta decisión tuvo también un peso importante la finca Son Morei, en la que me alojé, un paraíso dentro de la isla que cuenta con unas estancias de ensueño y amplias terrazas desde las que disfrutar de un paisaje impresionante. Entre limoneros y el olor mediterráneo de los pinos, permite disfrutar también de una piscina y una extensa finca.

Con la idea de descubrir la Mallorca más auténtica, os propongo aprovechar el invierno para conocer la isla, con una ruta en coche durante tres días por sus lugares más espectaculares.

DE LAS CUEVAS DEL DRACH AL CASTELL DE CAPDEPERA

Arrancamos nuestra ruta poniendo rumbo a Port Manacor, donde se encuentran las célebres cuevas del Drach y dels Hams. En este entorno costero merece una visita la Playa de Porto Cristo, de aguas turquesas y rodeada de imponentes rocas. Aún en invierno y con los cielos grises, el paseo que bordea esta playa y llega hasta los acantilados erosionados por el embate del mar es realmente muy agradable.

Las Cuevas del Drach, las más conocidas de la isla, son cuatro grutas formadas por efecto del agua y conectadas entre si, que destacan por su altura y por la gran cantitad de estalagmitas y estalactitas que se han ido creando en su interior.

La entrada para conocer este conocido lugar cuesta unos 15 euros. En el interior, cuenta con caminos bien señalizados y fáciles de recorrer y, aunque hay escalones, la visita es sencilla para prácticamente cualquier persona que quiera disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.

Al igual que en cualquier lugar de formación natural, es importante tener en cuenta la conservación del espacio, por lo que es necesario ser respetuoso con este patrimonio, teniendo en cuenta que, en este caso, son necesarios millones de años para que algo así se forme.

En el interior de la cueva hay un lago subterráneo de considerable tamaño, donde se ofrece un concierto de música clásica y un breve paseo en la barca incluido en el precio de la entrada.

Para terminar el día en la isla, nos desplazamos a disfrutar del atardecer desde el Castell de Capdepera, una construcción fortificada a la que, ubicada en una loma del terreno, se accede a través de empinadas calles empredradas.

El recinto, del siglo XIV, guarda una importancia simbólica para la isla, ya que fue el origen de la rendición de Menorca. Así, después de que Jaime I de Aragón conquistase Mallorca, ideó una estratagema para engañar a los musulmanes que residían en Menorca y hacer que estos se rindiesen. Para ello, ordenó encender grandes hogueras en Capdepera, visibles desde la cercana isla vecina, para hacer creer a los habitantes que había un gran ejército acampado y preparado para invadirles, lo que llevó a su rendición.

Desde este punto puede contemplarse un mágico atardecer, en el que el cielo se va tiñendo con una paleta de colores que empieza con un vibrante naranja y acaba con un intenso morado, una experiencia perfecta en la isla

FORMENTOR, POLLENÇA Y EL SANTUARIO DE LLUC

Nuestra segunda jornada la arrancamos en una de las vistas más impresionantes de Mallorca, aquella en la que el extremo norte de la Sierra de la Tramuntana se funde en el mar Mediterráneo: el Cabo Formentor.

Desde el Mirador de Colomer, con acceso por Pollença, se puede contemplar la característica forma de este cabo, modelado por las olas del azulísimo mar. Situado sobre una roca vertical de más de 200 metros de altura, la perspectiva de este punto, de camino al cabo, es algo imprescindible durante una ruta aquí.

Cabo Formentor desde mirador

Si continuamos la carretera, en el extremo norte de la isla nos encontramos con el Cabo Formentor, que corona su faro, de imperial blanco, una construcción solitaria que culmina orgullosa las rocas y protege a los barcos que surcan las plácidas aguas del Mare Nostrum romano.

Faro en Formentor y cielo azul
Faro del cabo Formentor

De regreso, en el pueblo de Cala San Viçent, nos encontramos con la Cala Molins, tranquila y solitaria en pleno diciembre. Encajonada en un espacio que parece una ría a pequeña escala y calmada como si de un lago se tratase, sus aguas de color azul turquesa invitan al baño. En la zona también puede dedicarse una visita a Pollença, un pequeño pueblo de típico aspecto mallorquín que ha sido tradicionalmente colonia de artistas, escritores y músicos.

Para completar el día, ponemos rumbo a la sierra de la Tramuntana para conocer uno de los lugares religiosos más venerados de Mallorca, el Monasterio de Lluc, que acoge a la patrona de la isla, la Virgen de Lluc.

En un enclave perfecto que invita a la meditación y a la oración, en plena montaña, este monasterio sobrio, de interior dorado, tiene en su entorno su aliciente más importante. Así, recomiendo subir a la colina aledaña para apreciar las hermosas vistas que hay desde esta zona, tanto de la edificación como del valle y de la sierra.

PALMA DE MALLORCA Y RUTA A VALLDEMOSSA

En nuestra ruta por Mallorca no podemos olvidar recorrer también su capital, Palma, una ciudad de carácter, contrastes y tradición en la que el mar está presente en cada esquina.

Es de destacar la belleza de su barrio gótico, el mismo estilo que su Catedral, que cuenta con unas hermosas e impresionantes gárgolas. Sus calles empedradas y angostas, solitarias en invierno, os transportarán en algún momento al medievo, y os sorprenderán desembocando en zonas modernas y amplias.

Un poco alejado del centro se encuentra asimismo el imponente Castillo de Bellver, de curiosa forma circular e impresionante altura, que cuenta con un patio de gran belleza. Destaca su torre principal y sus profundos fosos, así como la impresionante vista de Palma y de sus verdes alrededores.

Castillo de Bellver
Castillo de Bellver

Para terminar esta jornada, y nuestro viaje a Mallorca, os llevaré hasta la bella localidad de Valldemossa, donde las piedras hablan de tradición y de tranquilidad.

Se cree que el origen de este pueblo del interior mallorquín fue una pequeña comunidad rural árabe, las conocidas como arquerías, por lo que caminar por sus calles, empinadas y estrechas, es hacerlo por la historia. Su atractivo principal es la Cartuja de Valldemossa, donde se alojó en el invierno de 1838 el compositor Chopin y su pareja, George Sand.

Callejeando por Valldemossa llegamos hasta un mirador donde disfrutar de un mágico ocaso, con la luna apareciendo detrás de las montañas y, ante todo, presidiendo la estampa, la bella iglesia de la localidad, una impresionante imagen para, en silencio, despedir esta ruta invernal por la isla de Mallorca.

Vista de Valldemossa

Mallorca es una paleta de azules que rodean impresionantes montañas. El cobalto del mar, el turquesa de las pequeñas calas, el intenso y brillante azul del cielo que lo cubre todo: los paisajes de la perla mediterránea de las Baleares son para disfrutar sin importar la época del año en el que la visites.

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